Situación estratégica

Desde el punto de vista humanitario, en una guerra todos pierden. Todo es destrucción, mutilación y muerte. Es un fenómeno perverso que muestra los instintos más primitivos que poseemos los seres humanos. Es por ello que una guerra solo puede entenderse como un acto político ya que solo triunfa aquel que logra su objetivo político o estratégico.

¿Por qué una potencia como Rusia se comporta de esta manera? ¿acaso está liderada por un loco? ¿Fue provocada por Occidente? Ciertamente en un sistema internacional una nación como Rusia busca estar segura y eso la motiva a actuar agresivamente contra las posibles amenazas a su seguridad nacional. De hecho, como dice Mearsheimer, la mejor garantía de supervivencia es ser hegemónico, porque ningún otro estado puede amenazar seriamente a un poderoso.

Rusia busca ser un equilibrador de poder a nivel global, como el nostálgico antagonista de EEUU en la entonces Guerra Fría. Por otra parte los que lideraron el orden mundial desde los años noventa, los EEUU, les cuesta admitir que ese breve tiempo unipolar ya ha cambiado hacia la multipolaridad en la segunda década del siglo XXI, en donde China surge sin pausa como un verdadero competidor y asociándose estratégicamente con los países dentro y fuera de su hemisferio oriental.

Y en ese escenario surge Ucrania, uno de los “puentes” de Eurasia, que en la búsqueda de su crecimiento como joven nación soberana quiere acercarse a Occidente como el resto de los países de Europa, pero simplemente tiene un obstáculo que demuestra que las potencias solo pueden decidir si no afectan los intereses vitales de otras potencias mayores.

En este conflicto, de gran probabilidad de haber sido evitado, existe una clara víctima sometida a la disputa de poder entre grandes potencias como Estados Unidos y Rusia. La víctima es el Pueblo Ucraniano. Ucranianos que quieren vivir en paz y no se lo permiten, ni los rusos ni los países de occidente.

Es importante enfatizar que el inicio del conflicto fue en el momento de la Anexión de Crimea al territorio de la Federación de Rusia, y que el Euromaidán pudo haber sido el caldo de cultivo generado por la novedoso pensamiento militar de Gerasimov. En contrapartida, en el año 2014 John Mearsheimer brindó una conferencia muy interesante en la cual explicaba que, según su parecer, las causas principales que desencadenaron el conflicto en Ucrania de 2014 fueron originadas en Occidente y no en Rusia.

El problema de origen es que Occidente (EEUU y Unión Europea) busca separar a Ucrania del espacio post soviético y que forme parte del espacio occidental. Esto se ve plasmado por tres intenciones clave por parte de Occidente: la expansión de la OTAN, la expansión de la UE y la promoción de una revolución “de color”. Toda la explicación de Mearsheimer plantea de una manera clara y literalmente “realista” las intenciones de las potencias de Occidente – EEUU en esencia - y de Rusia, como grandes potencias globales ejercen su influencia sobre otras disputándose entre ambos extremos la suerte de Ucrania, seguramente en clara alusión a la estrategia propuesta por Zbignew Brzezinski.

Equivocada o no, Ucrania desea tomar su decisión como nación soberana y buscar su posición en Europa. Y esa posición es acercarse a Occidente, para crecer económicamente y para poder reintegrar de alguna forma a toda la nación, sin el peligro de que Rusia intervenga en su “esfera de influencia”. Y aquí, en esta posición transgresora es donde comienza la crisis.

Repasando los académicos internacionalistas, podemos decir que toda esta situación atenta contra la conocida Teoría del Equilibrio de Poder, ya que Ucrania es geopolíticamente viable como un estado neutral o amortiguador, en una postura que no se vuelque exclusivamente ni a Rusia ni a Occidente. Mientras Ucrania no se pronunciaba nada sucedía, pero Rusia daba por sentado que la postura de Ucrania no era prooccidental. Este desbalance transgresor tiene diversas explicaciones tanto estratégicas como geopolíticas que ayudan a entender que la intención de Ucrania no es una simple decisión sin consecuencias, y que en realidad su soberanía es endeble.